La leche materna contiene prebióticos y probióticos, en particular oligosacáridos, siendo los más conocidos los "Human Milk Oligosaccharides", que estimulan la colonización beneficiosa y reducen la colonización por agentes patógenos [4].
La característica distintiva de los niños alimentados con lactancia (en buena salud) es la presencia de Bifidobacterias en gran cantidad en su microbiota. Estas bacterias provienen de la leche materna y permanecen hasta en el intestino del niño.
Los roles de las Bifidobacterias son múltiples: producen ácidos orgánicos e impiden el crecimiento de bacterias patógenas (por un efecto de competición). Estudios también han mostrado una fuerte interacción entre el microbiota y el TGF-beta, que desempeñan un papel en la regulación de las respuestas inmunitarias. Las Bifidobacterias parecen activar la producción de TGF-beta.
Cuanto más larga es la lactancia, mayores serán los efectos sobre el microbiota. La OMS recomienda así la lactancia hasta los dos años.
"Se dice que el microbiota es "resiliente", es decir, que hacia los 2/3 años aproximadamente, apenas cambiará durante el resto de la vida. La toma de medicamentos lo dañará en mayor o menor medida. Este intentará en cada ocasión volver a su microbiota inicial, es decir, el que tenía a los 2/3 años. De ahí la importancia de tener un microbiota en óptimas condiciones a los 2 años." (Lynda, consejera IBCLC)