Vitaminas B y vitamina C: aliadas de la energía y del bienestar mental
Las vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B5, B6, B8, B9, B12) y la vitamina C desempeñan un papel central en la producción de energía: intervienen en el metabolismo de los hidratos de carbono, los lípidos y las proteínas, y permiten que tus células transformen lo que comes en energía utilizable.
Aportes insuficientes pueden contribuir a una fatiga persistente, a dificultades de concentración o a una sensación de «niebla mental», síntomas frecuentes tras el nacimiento de un bebé.
Varias vitaminas B y los aportes de vitamina C también participan en el funcionamiento normal del sistema nervioso y en funciones psicológicas normales (estado de ánimo, gestión del estrés, capacidades intelectuales). Por eso, un multivitamínico rico en complejo B y en vitamina C resulta especialmente interesante tras el fin de la lactancia, sobre todo si tu alimentación es irregular o si eres vegetariana/vegana (B12 en particular).
Vitamina D: continuar mucho más allá del postparto
La vitamina D es esencial para los huesos, los músculos y la inmunidad, y una insuficiencia es frecuente en las regiones con poca exposición solar. Se sabe que los niveles de vitamina D suelen ser insuficientes tras el embarazo, y que pueden ser necesarios aportes complementarios para mantener niveles adecuados, en particular en caso de escasa exposición al sol[4].
Varios estudios sugieren que un déficit de vitamina D está asociado a una mayor fatiga, y que podría aumentar el riesgo de síntomas depresivos, incluso en el período posparto[5]. Por ello, continuar con una suplementación de vitamina D, mediante un multivitamínico o una suplementación específica, sigue siendo siempre aconsejable, mucho después del fin de la lactancia.
Omega 3 (DHA/EPA): apoyo al cerebro y al estado de ánimo
Los ácidos grasos omega 3, en particular el DHA y el EPA, participan en el buen funcionamiento del cerebro, en la regulación del estado de ánimo y en la salud cardiovascular. Durante el embarazo y la lactancia, el DHA suele destacarse por su acción en el desarrollo cerebral del bebé. Tras el destete, conserva todo su interés, especialmente si consumes poco pescado azul (salmón, caballa, sardinas).
Varios estudios (entre ellos metaanálisis) sugieren que unos aportes suficientes de omega 3, en particular los ricos en EPA, pueden ayudar a atenuar ciertos síntomas depresivos o fluctuaciones del estado de ánimo, incluso en el período perinatal[6]. Desde esta perspectiva, un suplemento de omega 3 puede resultar útil para apoyar tu cerebro y tu vitalidad, especialmente si tu alimentación no es capaz de proporcionar los aportes suficientes.
Magnesio: para el sueño, el estrés y la fatiga nerviosa
El magnesio interviene en más de 300 reacciones metabólicas, entre ellas la producción de energía, el funcionamiento muscular y la regulación del sistema nervioso. Un aporte insuficiente puede manifestarse en forma de fatiga, tensiones musculares, trastornos del sueño e irritabilidad más marcada[7].
En los meses que siguen al fin de la lactancia, numerosos factores aumentan las necesidades: sueño fragmentado, estrés, carga mental, y a veces la reanudación de una anticoncepción hormonal o de un ritmo de trabajo intenso. Una suplementación con magnesio de buena asimilación, en combinación con un multivitamínico, puede por tanto suponer un verdadero apoyo si te sientes nerviosa y te cuesta recuperarte.
Hierro: solo en caso de necesidad
El hierro sirve para la fabricación de la hemoglobina, que transporta el oxígeno en la sangre. Una carencia de hierro o de ferritina puede provocar fatiga intensa, falta de aliento, palidez, palpitaciones y caída del cabello. El embarazo, el parto (especialmente si hubo pérdidas de sangre importantes) y la lactancia pueden agotar las reservas de hierro, de ahí la importancia de recurrir a suplementos durante este período.
Sin embargo, una suplementación con hierro no debe ser sistemática: un exceso de hierro también puede ser problemático, especialmente si se toma sin prescripción médica. Tras el fin de la lactancia, se recomienda verificar el estado (análisis de sangre: hemograma, ferritina) antes de continuar o retomar una suplementación con hierro. Si se confirma una carencia, un suplemento específico, a la dosis adecuada, puede ser prescrito o aconsejado por tu profesional de la salud.