«El parto es un acto, una experiencia, un acontecimiento tanto físico como psíquico.»
(PRIEUR-RICHARD E., «Une odyssée inconsciente, l'accouchement» in Psychismes Vivants, Septembre 2010, p.6). Está impregnado de una intensidad sin igual.
Si el embarazo encuentra su fin en el nacimiento del niño, este último es una transición que inicia la continuación del proceso de maternidad. Hoy en día, las mujeres suelen estar muy acompañadas durante el embarazo, pero mucho menos durante el postparto; sin embargo, el parto supone una conmoción somática y psíquica de gran intensidad.
El cuerpo materno, que se había adaptado y transformado para portar, nutrir, oxigenar y proteger, irá encontrando un nuevo equilibrio. Este cambio postnatal es, por cierto, poco conocido y a menudo se confunde con un «retorno al cuerpo de antes».
Por otro lado, cuando el parto se vive de forma dolorosa, puede sacudir el narcisismo de la mujer, que se siente dañada en su identidad femenina. Por eso es importante que puedas cuidar tu cuerpo. Descansa, lleva una alimentación equilibrada. Date mimos. Organízate un momento de relax (masaje, terapias energéticas, acupuntura, peluquería, tratamientos estéticos). Si el padre puede disfrutar de su permiso de paternidad desde el regreso a casa, no dudes en aprovecharlo. ¡Entre dos se lleva mejor! Si tienes la posibilidad, pide a tu entorno que te releve en las tareas cotidianas. Verás que estarán encantados de poder implicarse (preparación de comidas, plancha, limpieza...).