La soja es un alimento cada vez más presente en nuestra alimentación y en diversas formas: leche de soja, productos lácteos, miso y tofu, brotes de soja. Este alimento es una excelente fuente proteica rica en aminoácidos esenciales, pero también en ácidos grasos esenciales, minerales y vitaminas del grupo B.
Los estudios sobre la soja y embarazo arrojan resultados contradictorios. La soja es rica en fitoestrogenos, cuyos principales representantes son las isoflavonas. Estas isoflavonas son singulares en el sentido de que su configuración molecular es cercana a la de los estrógenos (hormonas femeninas), lo que deja entrever la posibilidad de alteraciones hormonales en el feto.
Los efectos de los fitoestrógenos en el embarazo
Los estudios muestran cada vez más que los fitoestrogenos de la soja actuarán no solo sobre la fertilidad, sino también sobre el desarrollo de los órganos reproductores del feto y sobre el resultado del embarazo (en particular los abortos espontáneos).
Los estudios en animales indican que la exposición a las isoflavonas durante el período de gestación provoca una modificación del desarrollo de la glándula mamaria en la descendencia femenina, y del testículo en la descendencia masculina, lo que conlleva un aumento del riesgo de cáncer de mama y de cáncer de testículo, respectivamente.
Favorecer la soja fermentada
La soja es rica en ácido fítico, una sustancia que se une a ciertos minerales e impide su absorción intestinal, en particular el calcio, el magnesio, el cobre, el hierro y el zinc.
Sin embargo, algunos alimentos a base de soja pueden contener menos ácido fítico, como es el caso de los alimentos fermentados. En un estudio, se puso de manifiesto que el ácido fítico había disminuido durante la fermentación de la soja en un 30,7 %. La salsa de soja, el tempeh, el miso y el natto son productos fermentados que pueden contener menos ácido fítico.
Consumir solo productos ecológicos
Incluso en el caso de la soja que no está genéticamente modificada, la mayoría se cultiva en grandes explotaciones que utilizan glifosato para combatir las malas hierbas o como desecante antes de la cosecha (para secar la planta antes de que lo haga de forma natural, con el fin de permitir una cosecha más rápida).
El consumo de soja que contiene pesticidas es especialmente perjudicial durante el embarazo, ya que la exposición al glifosato durante el primer trimestre está asociada a un mayor riesgo de diabetes gestacional.