El uso de técnicas analgésicas para aliviar el dolor del parto es cada vez más frecuente. En Francia, el 80 % de las mujeres se benefician de ellas durante el trabajo obstétrico (17). Entre estas técnicas, la analgesia neuroaxial (epidural, raquianestesia y raquianestesia-epidural combinada) se considera la más eficaz (18).
La epidural
La epidural, también llamada analgesia locorregional o peridural, solo abarca una parte del organismo, a saber, los miembros inferiores, el periné y el abdomen. Es el resultado de la inyección de un analgésico o de un cóctel analgésico en el espacio epidural, que actúa directamente sobre el sistema nervioso central (19).
Esta intervención médica está ampliamente reconocida por su eficacia en la reducción del dolor durante el parto. Estudios han demostrado que puede reducir el dolor percibido entre 2 y 3 puntos en una escala de 0 a 10, ofreciendo así un alivio significativo (20). En comparación con los opioides, la epidural también presenta ventajas en términos de reducción de las náuseas, los vómitos y las dificultades respiratorias para la madre.
La epidural puede no obstante hacer que la experiencia del parto sea más pasiva. Al bloquear en primer lugar la sensación de dolor, la analgesia epidural puede afectar a la capacidad del bloqueo motor de la futura mamá, que ve modificada su percepción del dolor y su actividad muscular. Del mismo modo, las repercusiones materno-fetales de la epidural son objeto de debate en cuanto al aumento de la incidencia de las cesáreas, el mayor riesgo de parto instrumental por vía vaginal y la prolongación del trabajo de parto, además del momento en que se practica la analgesia epidural.
Algunas situaciones poco frecuentes constituyen una contraindicación absoluta o relativa para la realización de una anestesia neuroaxial. Entre ellas se abordan el rechazo de la paciente, la alergia a los anestésicos locales, la hipovolemia (disminución del volumen sanguíneo), la hipertensión intracraneal, la infección del sitio de punción, la hipertermia, los trastornos de la hemostasia, las afecciones neurológicas, las anomalías del raquis, la dilatación cervical y los tatuajes a nivel lumbar. Las contraindicaciones afectan, sin embargo, a menos del 0,5 % de las mujeres (17).
Para saber más, consulta nuestro artículo epidural y riesgo y sobre dar a luz sin epidural.
Las demás técnicas farmacológicas
Otras técnicas farmacológicas permiten aliviar el dolor. Entre ellas: los bloqueos periféricos locales (paracervical alrededor del cuello uterino y pudendo en la pelvis), la analgesia inhalada (óxido nitroso y halogenados) y la analgesia intravenosa (opioides y no opioides) (21).
El óxido nitroso o protóxido de nitrógeno es un analgésico inhalatorio autoadministrado de baja potencia, utilizado desde hace mucho tiempo para la analgesia del parto (22). Los opioides sistémicos también son utilizados por numerosas parturientas, bien para evitar o retrasar el recurso a la analgesia neuroaxial, bien cuando esta está contraindicada.
Sepa no obstante que el manejo médico del dolor es objeto de una evaluación cuidadosa y de una atención por parte de un profesional de la salud cualificado.