Signar con el bebé presenta numerosas ventajas tanto para el niño como para los padres y otros adultos que cuidan de él. Estas son las principales razones de su éxito entre las familias y los centros de atención a la primera infancia.
Comprender mejor las necesidades del bebé
Hambre, sed, pañal sucio, miedo… Con la lengua de signos para bebés, el más pequeño puede expresarse con claridad, reduciendo así la frustración de ambas partes.
Reducir el llanto y las rabietas
Signar con el bebé ayuda a calmar las frustraciones y las tormentas emocionales. El niño puede expresar sus sentimientos y emociones muy pronto (miedo, cansancio, enfado…), lo que permite suavizar esos momentos a menudo difíciles de gestionar para los padres.
Favorecer el desarrollo del lenguaje
Al contrario de lo que se suele creer, signar no retrasa la adquisición del lenguaje oral. Al contrario, anima al niño a comunicarse y enriquece su vocabulario. Hay que decir que un adulto que signa tiende a articular mejor, a ponerse a la altura del niño, a mirarlo cuando le habla, a asegurarse de que el bebé ha comprendido las palabras y los signos… Todo ello contribuye a facilitar la adquisición del lenguaje y a despertar las ganas de hablar.
Reforzar el vínculo entre padre/madre e hijo
Signar con el bebé refuerza el vínculo de apego gracias a esta comunicación temprana y cómplice. El niño se siente muy pronto tenido en cuenta, escuchado y comprendido. Además de reforzar la confianza hacia el adulto, gana confianza en sí mismo.
Fomentar el desarrollo global
La lengua de signos para bebés favorece también el desarrollo motor, cognitivo y las habilidades sociales. Signar estimula la motricidad fina, la coordinación y la precisión de los gestos. Gracias a los signos, el bebé desarrolla sus habilidades comunicativas, lo que refuerza sus ganas de interactuar con su entorno.