El agotamiento de los suelos
La producción agrícola total ha aumentado considerablemente en los últimos años. La productividad ha crecido notablemente; en Estados Unidos, por ejemplo, se ha triplicado desde 1948 [1]. Las innovaciones en el uso de productos químicos, modificaciones genéticas, equipamientos, etc. han contribuido a este aumento.
Este aumento de la productividad tiene un coste catastrófico sobre la concentración de nutrientes en nuestros alimentos.
Las prácticas agrícolas para aumentar la productividad provocan una degradación de los suelos y una pérdida de materia orgánica. Las concentraciones de carbono han disminuido un 43 %, las de nitrógeno un 42 %, las de fósforo un 27 % y las de azufre un 33 %. Estos nutrientes favorecen el crecimiento de las plantas mediante la fotosíntesis, las enzimas, la síntesis de proteínas, etc. [2]. La pérdida de estos nutrientes en los suelos tiene un impacto en la calidad nutricional de los alimentos que crecen en ellos.
Algunos estudios que demuestran sugieren que las prácticas agrícolas convencionales de labranza intensiva del suelo, fertilización nitrogenada y aplicación de pesticidas sintéticos pueden haber contribuido al descenso de la densidad de nutrientes al perturbar las simbiosis entre los cultivos y la vida del suelo [3].
La contaminación
Todas las plantas tienen vías de fotosíntesis que les permiten absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, descomponerlo y utilizar el carbono para su crecimiento. Cuando las concentraciones de dióxido de carbono son más elevadas, los cultivos absorben menos agua, lo que significa que absorben menos micronutrientes del suelo. Un estudio de 2018 confirmó que las concentraciones de proteínas, hierro, zinc y varias vitaminas del grupo B disminuían en 18 tipos de arroz tras su exposición a niveles más elevados de dióxido de carbono [4].
Los alimentos procesados
La transformación (incluida la preparación) hace que los alimentos sean más sanos, más seguros, más sabrosos y más fáciles de conservar. Aunque las ventajas son numerosas, la transformación también puede ser perjudicial, al afectar la calidad nutricional de los alimentos.
El escaldado, por ejemplo, es un tratamiento térmico de unos minutos a entre 70 °C y 100 °C destinado a destruir las enzimas que pueden alterar las verduras o las frutas antes de su procesamiento posterior (congelación, secado, etc.). Esta técnica conlleva pérdidas de vitaminas y minerales.
Del mismo modo, la molienda y la extrusión pueden provocar la eliminación física de los minerales durante el proceso de transformación.
La calidad nutricional de los minerales presentes en los alimentos depende de su cantidad y de su biodisponibilidad. Se sabe que la biodisponibilidad de minerales clave como el hierro, el zinc y el calcio está fuertemente influenciada por el contenido en fibra, ácido fítico y tanino de los alimentos. Las concentraciones de estos constituyentes se modifican mediante diversos métodos de transformación, como la molienda, la fermentación, la germinación, la extrusión y el tratamiento térmico. Las vitaminas, en particular el ácido ascórbico (vitamina C), la tiamina (vitamina B9) y el folic acid (vitamina B9), son muy sensibles a los mismos métodos de transformación. La duración y la temperatura de la transformación, la composición del producto y el almacenamiento son factores que influyen considerablemente en el estado vitamínico de nuestros alimentos [5].
Por ejemplo, los molinos de harina de trigo gruesa pierden menos vitamina E que los molinos finos. El contenido de vitamina E del trigo germinado puede ser un 30 % inferior al del trigo sin germinar [6].
Cuanto más procesado esté un alimento, menos nutrientes contendrá al final.