Dormir bien no siempre es fácil, y algunas etapas de la vida pueden afectar especialmente al sueño de las mujeres.
Durante el embarazo
El sueño puede alterarse durante el embarazo, incluso desde las primeras semanas. La razón son los cambios hormonales, especialmente el aumento de la progesterona, que modifican los ciclos de sueño y vigilia y pueden provocar somnolencia durante el día y despertares nocturnos más frecuentes. A ello se suma un malestar físico creciente a medida que avanzan los trimestres. Puede manifestarse como dificultad para encontrar una postura cómoda, tensión lumbar, necesidad de orinar con más frecuencia o reflujo gástrico al estar tumbada.
Las futuras madres también pueden sentir cierta ansiedad relacionada con el parto o con los preparativos que les esperan, que se suma a estas alteraciones físicas. Al igual que en el posparto y la perimenopausia, lo que suele verse afectado es la continuidad del sueño, más que la fase de conciliación.
En las madres recientes
Los primeros meses tras la llegada del bebé suelen ir acompañados de un sueño fragmentado. Las tomas nocturnas, los despertares del bebé y la necesidad de estar disponible en cualquier momento de la noche alteran profundamente los ciclos habituales de sueño. La falta de sueño acumulada durante semanas, o incluso meses, puede dificultar conciliarlo hasta en los escasos momentos disponibles para descansar. La razón es sencilla: el cuerpo permanece alerta, listo para responder a la menor señal.
Durante la perimenopausia y la menopausia
En esta etapa, las fluctuaciones hormonales, en particular la disminución progresiva de los estrógenos, alteran el sueño. Los sofocos nocturnos, la sudoración, los despertares frecuentes a mitad de la noche y la dificultad para volver a dormirse son síntomas habituales. Este sueño interrumpido puede repercutir durante todo el día y causar cansancio, irritabilidad y dificultades de concentración.
En los tres casos, el denominador común es un sueño interrumpido, más que una verdadera dificultad para conciliarlo. Es precisamente esta fase de conciliación del sueño, así como su calidad, lo que se estudia en profundidad en relación con la glicina.