Todo lo que nos compone, incluidas las hormonas, está formado por elementos que comemos y absorbemos. La alimentación es, por tanto, la materia prima de nuestras hormonas y es esencial para nuestro equilibrio hormonal.
Además, la alimentación nos aporta las vitaminas, minerales y fitonutrientes que constituyen el "combustible" de todas las reacciones químicas que se producen cada segundo en nuestro organismo, incluidas las reacciones necesarias para el ciclo menstrual y la fertilidad.
Por último, equilibrio hormonal suele significar libido saludable (una libido baja es a menudo síntoma de un desequilibrio), lo que ayuda cuando se quiere quedar embarazada.
¿Cómo optimizar concretamente el equilibrio hormonal?
¡Empezamos por evitar los alimentos inflamatorios, nos llenamos de nutrientes y cuidamos nuestro hígado!
Evitar el azúcar refinado
Ya sea en forma de dulces, bollería, refrescos, cereales refinados… Al desregular la glucemia, el azúcar refinado genera inflamación, que es el caldo de cultivo de los desequilibrios hormonales. La inflamación también contribuye al declive de la reserva ovárica.
Consumir arroz integral y patatas, que contienen principalmente glucosa y poco fructosa. La glucosa tendría menos efecto sobre la resistencia a la insulina que la fructosa.
El consumo de bebidas azucaradas (especialmente refrescos) se ha asociado a una menor fertilidad tanto en hombres como en mujeres [5].
Evitar los alimentos industriales
Suelen contener aditivos, disruptores endocrinos, grasas hidrogenadas y azúcar refinado que contribuyen a los desequilibrios hormonales, y a menudo son bastante pobres en micronutrientes (vitaminas, minerales, fitonutrientes) que necesitamos para potenciar la fertilidad y la salud en general.
Evitar el alcohol, inflamatorio como el azúcar
Afecta negativamente al hígado, que es un órgano clave en el equilibrio hormonal, aumenta el estrógeno en circulación (¡una copa de alcohol puede aumentar la cantidad de estrógenos en circulación en un 10%!), impide la absorción de las vitaminas del grupo B, esenciales para el equilibrio del estrógeno y la progesterona… y es problemático para el bebé. Sin olvidar que el alcohol es azúcar puro. Además, el consumo de alcohol conlleva menos ovocitos, ovocitos de menor calidad, una tasa de fecundación más baja, esperma y espermatozoides de menor calidad, un mayor riesgo de aborto espontáneo…
Evitar los pescados grandes
Evitar los pescados grandes (el atún, por ejemplo) y otras fuentes de exposición a metales pesados que pueden desregular las hormonas, afectar a la fertilidad y favorecer un test de embarazo negativo.
Comer ecológico al máximo
Para evitar los pesticidas sintéticos que actúan como disruptores endocrinos y para maximizar el contenido de micronutrientes en los alimentos.
Cuanto más calidad tienen los ingredientes, más ricos son en micronutrientes y menos sustancias potencialmente nocivas los acompañan. Esto es especialmente cierto en el caso de los productos animales, para los que es importante elegir calidad.
Dar protagonismo a las frutas y las verduras
Favorecemos las frutas y verduras más coloridas. Son los antioxidantes los responsables del color en los vegetales. Y los antioxidantes calman la inflamación. Por ejemplo, mejor una cebolla morada que una cebolla blanca.
Un estudio de 2018 pudo demostrar que un cambio en la dieta con más frutas y verduras, legumbres y menos carne roja podría aumentar las posibilidades de quedarse embarazada y dar a luz a un bebé tras un tratamiento de proceso de reproducción asistida. Entre las mujeres menores de 35 años, un aumento de 5 puntos en su alimentación hacia una dieta mediterránea ("MedDietScore") se asoció con un aumento de 2,7 veces en las probabilidades de quedarse embarazada y dar a luz a un bebé sano [6].
Un estudio realizado con 5.628 mujeres con embarazos de bajo riesgo demostró que aquellas que consumían mucha comida tipo "fast food" y poca fruta tardaban más tiempo de media en quedarse embarazadas que las que seguían dietas equilibradas [7]. Las mujeres que no comían fast food reducían así su riesgo de infertilidad en un 41% (p< 0.001).
Consumir verduras de hoja verde una vez al día
Las verduras verdes son muy alcalinizantes y regulan la glucemia. Contienen cantidades importantes de magnesio, potasio, bioflavonoides, folatos, fibra, fitonutrientes… nutrientes todos ellos esenciales para el equilibrio hormonal y la fertilidad.
Las verduras de la familia de las brasicáceas como el repollo, las coles de Bruselas y el brócoli contienen indol-3-carbinol, que favorece los metabolitos estrogénicos beneficiosos frente a los tóxicos.
Consumir verduras amargas
Estimulan el hígado. Al producir más bilis, el hígado recibe apoyo en sus funciones de detoxificación, esenciales para el metabolismo de las hormonas y, por tanto, para el equilibrio hormonal, y en consecuencia para favorecer la fertilidad.
Beber agua
Beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día para evitar la deshidratación y favorecer la eliminación.
No tener miedo a las grasas saludables, ¡especialmente los omega 3!
Las grasas saludables son la materia prima para la producción de hormonas sexuales, entre otras. Reducen la inflamación y favorecen el equilibrio hormonal. Además, son importantes para la calidad de los óvulos, la morfología del embrión y el desarrollo del sistema nervioso central en el niño.
Se encuentran en los pescados azules pequeños, los aguacates, el aceite de oliva, las semillas, los frutos secos…
Asegurar un aporte suficiente de yodo
El yodo desempeña un papel fundamental en la fertilidad, ya que protege los ovarios y es esencial para la función tiroidea, a su vez crucial para la fertilidad, la implantación y el desarrollo cerebral del bebé. Atención: un exceso de yodo puede provocar alteraciones tiroideas, al igual que una deficiencia, por lo que no te suplementes sin el consejo de un profesional de la salud. Sin embargo, no dudes en incluir productos del mar en tu alimentación, como por ejemplo pescados azules pequeños y algas.
Asegurar un nivel adecuado de zinc
Esencial para la calidad de los óvulos, el equilibrio hormonal, la función hepática, la neuroplasticidad, la memoria y las capacidades de aprendizaje en el niño.
Se encuentran en los mariscos, la carne, las semillas de calabaza…
No olvidar el magnesio
El magnesio desempeña un papel fundamental en el equilibrio hormonal, ya que es esencial para el funcionamiento del hígado y permite regular nuestras hormonas: progesterona, estrógeno y testosterona. También regula el cortisol, la hormona del estrés, así como el colesterol, que actúa sobre las hormonas reproductoras. También es importante para las glándulas suprarrenales y la regulación de la glucemia/metabolismo.
Más allá del hecho de que el contenido de magnesio en nuestros alimentos ha caído drásticamente en comparación con hace unas décadas, la mayoría de las personas no consume suficientes alimentos ricos en magnesio, y muchos factores pueden agotar nuestras reservas, como el estrés, la exposición a metales pesados, el consumo de refrescos o productos refinados/industriales, la sudoración, el consumo de azúcar (necesitamos 54 moléculas de magnesio para metabolizar 1 molécula de azúcar)...
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Estabilizar la glucemia
La glucemia es la piedra angular de nuestro equilibrio hormonal. Algunos consejos para estabilizarla:
Favorecer una alimentación de bajo índice glucémico
Preferir cocciones suaves como al vapor o consumir más alimentos crudos (la cocción contribuye a elevar la glucemia)
Consumir alimentos ricos en fibra que ralentizan la liberación de azúcar en sangre (verduras, legumbres, frutos secos, frutas enteras, cereales integrales...)
Consumir proteínas y grasas saludables en cada comida (que contribuyen al mantenimiento de la glucemia)
Evitar picar a lo largo del día
Moverse: una actividad física suave como caminar, por ejemplo, permite regular la glucemia