La leche extraída de algunas mamás puede adquirir un sabor y un olor diferentes tras la extracción. Este olor es incluso más pronunciado después de la congelación. Algunas enzimas de la leche materna predigieren su principal azúcar, la lactosa, y le confieren ese olor a rancio. Los beneficios nutricionales de la leche no cambian, pero algunos bebés pueden rechazarla debido al cambio de sabor.
Para evitar la pena de tener que tirar las reservas de leche acumuladas con tanto esfuerzo, se aconseja hacer una prueba con una pequeña muestra antes de congelar más.
¿Tienes pensado crear una reserva de leche congelada? Haz primero una pequeña prueba antes de conservar más:
– Congela primero una pequeña cantidad y espera unos días. Si el olor no cambia, puedes congelar más.
– Si el olor es diferente (como a jabón), ofrece la leche previamente calentada a tu bebé. Si la acepta sin problema, también puedes seguir congelándola.
Si el bebé ya no acepta la leche, se sugiere calentar la leche recién extraída a 50-60 grados durante 5 minutos (espera un ligero hervor en los bordes del cazo) y luego meterla en el frigorífico para enfriarla rápidamente antes de congelarla. El calentamiento permite destruir las lipasas responsables del cambio de olor.
Otra explicación para el enranciamiento sería la aparición de una oxidación química. La oxidación es una reacción química que implica un intercambio de electrones entre sustancias. Esto podría deberse a algo presente en el agua que se bebe, como iones libres de cobre o hierro (átomos o moléculas con carga positiva o negativa), o a determinadas grasas poliinsaturadas en la alimentación.