El folato, una vez activado, es decir, una vez que se convierte en metilfolato, es el punto de partida del ciclo de metilación.
La importancia del ciclo de metilación
Se produce una serie de reacciones químicas cuyo objetivo es crear un determinado número de sustancias que sirven para más de 200 funciones, entre las que se encuentran: activación o desactivación de genes, reparación y mantenimiento del ADN, desarrollo del sistema nervioso central, síntesis de neurotransmisores y proteínas, gestión hormonal, detoxificación hepática, producción de antioxidantes, regulación de la inmunidad y de las funciones cardiovasculares, producción de energía… La metilación se activa aún más durante el embarazo para favorecer el desarrollo del bebé y de la placenta.
Los riesgos en caso de problemas en el ciclo de metilación
Podría decirse incluso que las malformaciones del tubo neural pueden deberse no solo a una insuficiencia o carencia de vitamina B9, sino también a un ciclo de metilación no óptimo. Por eso no hay que quedarse solo en la vitamina B9 y pensar en el «big picture», es decir, en el ciclo de metilación. Más allá de las malformaciones del tubo neural, unos niveles suficientes de vitamina B9 y un ciclo de metilación que funcione correctamente podrían contribuir a prevenir los frenillos restrictivos en los niños, la depresión posparto, las náuseas y vómitos durante el embarazo, reducir el riesgo de abortos espontáneos…
La vitamina B12 necesita el folato en el ciclo de metilación
Para poder dar el «go» al ciclo de metilación, el grupo metilo previamente añadido al folato debe transferirse a la cobalamina (vitamina B12), que se convierte entonces en metilcobalamina. La metilcobalamina transferirá a continuación su grupo metilo a la homocisteína para formar la metionina, que sirve en particular para la síntesis de ADN. Por su parte, una vez despojado de su grupo metilo, el folato puede ejercer sus funciones.
En resumen, la vitamina B9 por sí sola no puede hacer gran cosa: necesita como mínimo la B12 para funcionar y permitir que tengan lugar otros procesos fundamentales. Dicho de otro modo, la insuficiencia o carencia de vitamina B12 hace inútil el aporte de vitamina B9 y resulta, por tanto, igual de problemática que la insuficiencia o carencia de vitamina B9.
Los demás factores implicados en el ciclo de metilación
Además de una cantidad suficiente de vitaminas B9 y B12, la metilación requiere cofactores, es decir, «combustible» en forma de magnesio, zinc, colina, vitamina B6, vitamina D, vitamina C… Por eso, hay otros nutrientes que también es necesario tener en cantidades adecuadas.
La metilación también se ve comprometida en presencia de toxinas como los disruptores endocrinos, los metales pesados (mercurio, arsénico, plomo…), las micotoxinas (toxinas liberadas por los mohos)… de ahí la importancia de reducir nuestra exposición a sustancias tóxicas. Pero también se ve comprometida por ciertos medicamentos, entre ellos los antiácidos, el estrés, o incluso por una variación del gen MTHFR (methylenetetrahydrofolate reductase), el gen que codifica la enzima del mismo nombre, que permite añadir un grupo metilo a la vitamina B9. Se estima que esta mutación está presente en el 40-60 % de la población. Las personas afectadas no pueden, por tanto, llevar a cabo el ciclo de metilación de manera óptima.