Los mamíferos no disponen de un tejido que pueda actuar como reserva de zinc para almacenarlo o suministrarlo en respuesta a la disponibilidad de zinc en la alimentación. Por consiguiente, es necesario un aporte adecuado y regular de zinc alimentario para compensar las pérdidas por excreción y mantener un equilibrio normal de zinc [14].
Las fuentes alimentarias de zinc
Tu aporte de zinc puede obtenerse a través de diversos alimentos:
Los mariscos como las ostras
Los productos animales, especialmente la carne blanca y las aves de corral
Las semillas de lino y de calabaza
El aceite de lino
La avena
Los anacardos
Los cereales integrales
El polen de sauce también es muy interesante.
Los suplementos de zinc
Los aminoácidos conjugados con zinc (como el bisglicinato de zinc) pueden presentar una ventaja frente a los suplementos de zinc clásicos, como las sales de zinc, ya que pueden ser capaces de aumentar la biodisponibilidad del zinc [15].
Los estudios muestran que la forma bisglicinato se absorbe mejor que la forma gluconato [16], que tiene una absorción equivalente a la forma citrato y superior a la forma óxido [17].
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Atención a la suplementación por cuenta propia: el exceso de zinc, aunque poco frecuente, es perjudicial. Los síntomas pueden ir desde náuseas y dolores de cabeza en caso de toxicidad aguda por zinc hasta la reducción de la función inmunitaria y neuropatía en caso de exceso crónico de zinc. Dosis tan bajas como 50 mg en adultos pueden tener un efecto emético (que provoca vómitos) [18].