Una producción excesiva de sebo
Al nacer, el cuerpo de un recién nacido sigue bajo la influencia de las hormonas maternas transmitidas durante el embarazo. Estas hormonas pueden estimular temporalmente las glándulas sebáceas de la piel, en particular las del cuero cabelludo. El resultado: una producción de sebo (sustancia oleosa natural) superior a la necesaria.
Este exceso de sebo crea un entorno propicio para la aparición de las costras, al impedir que las células muertas se desprendan normalmente de la zona cutánea. Se acumulan entonces en zonas amarillentas o blanquecinas visibles en la superficie.
Una levadura naturalmente presente en la piel de los bebés (Malassezia)
Otra causa frecuentemente asociada a las costras lácteas es la presencia de levaduras microscópicas llamadas Malassezia. Estas levaduras están naturalmente presentes en la piel de todos los seres humanos, incluidos los bebés. Pero en algunos bebés, pueden multiplicarse más fácilmente en un entorno rico en sebo, contribuyendo así a la formación de estos conocidos enrojecimientos.
No se trata de una infección ni de una falta de higiene, sino simplemente de un desequilibrio temporal de la piel.
¿Es contagioso o peligroso para el bebé?
Las costras lácteas pueden impresionar por su aspecto, pero no representan ningún peligro para la salud de tu bebé.
Buenas noticias: las costras lácteas no son contagiosas. No están causadas por una infección, una alergia ni una falta de higiene. Puedes seguir abrazando, bañando y peinando a tu bebé con normalidad — sin ningún riesgo de "contagio" a otros niños ni a ti misma.
Además, las costras lácteas no duelen. En la gran mayoría de los casos, ¡el bebé ni siquiera se da cuenta de su presencia!