A primera vista, infusionar una tisana parece algo sencillo: se vierte agua hirviendo sobre las hojas de tisana y se deja infusionar. Pero para apreciar todos los sabores y aprovechar sus beneficios, la infusión de tisana debe seguir algunas reglas.
En primer lugar, hay que utilizar agua con pH neutro, con bajo contenido en minerales, es decir, agua del grifo filtrada. El sabor que puede tener a veces el agua del grifo o los minerales que contienen las aguas embotelladas pueden perjudicar la degustación de nuestra infusión.
A continuación, ¡hay que dominar la temperatura y el tiempo!
La temperatura a la que se infusiona tu tisana desempeña un papel muy importante en los sabores y aromas que desprende. ¡Un agua demasiado caliente puede destruir los beneficios de las plantas! La temperatura ideal para una infusión se sitúa en torno a los 90°C. Atención: el agua no debe hervir; cuando hierve, pierde su dioxígeno, que es un elemento crucial en el desarrollo aromático de las plantas durante la infusión.
El tiempo de infusión suele estar comprendido entre 5 y 10 minutos. El tiempo es un parámetro importante a controlar, ya que también influye en el sabor de la tisana y en el aporte de los beneficios de las plantas.
Lo mejor para controlar estos dos parámetros es consultar siempre el reverso del envase, donde se indicará el tiempo y la temperatura ideales según tu infusión.
Para nuestra tisana de lactancia materna, recomendamos entre 5 y 7 minutos con una temperatura de 95°.
Por último, hay que controlar la cantidad de tisana a infusionar (cuando se presenta a granel y no en bolsita). También en este caso, la cantidad ideal de infusión para la cantidad de agua suele indicarse en el envase. Por ejemplo, para Mama Time, te recomendamos mezclar 2 g de infusión en 250 ml de agua.