Ante las limitaciones del ácido fólico, una de las alternativas más eficaces consiste en recurrir a formas de vitamina B9 ya activas, como el 5-MTHF, presentado a veces bajo otros nombres (por ejemplo Quatrefolic®). La ventaja es que estas formas son directamente utilizables por el organismo, incluso en mujeres con actividad reducida de la enzima MTHFR. En definitiva, es una opción especialmente interesante en caso de SOP o en el contexto de un proyecto de embarazo.
En la práctica, muchos profesionales recomiendan un aporte de 400 µg (microgramos) de vitamina B9 al día [3], en formas activas, comenzando idealmente varios meses antes de la concepción.
En caso de SOP, esta estrategia suele enmarcarse en un acompañamiento más global, que incluye el equilibrio de la glucemia, el trabajo sobre la resistencia a la insulina, la gestión del peso si es necesario, y a veces el uso de nutrientes como el myo-inositol.
Al mismo tiempo que los suplementos, se recomienda encarecidamente reforzar los aportes de folatos naturales a través de la alimentación: las verduras de hoja verde oscuro (espinacas, acelgas, canónigos), las legumbres (lentejas, garbanzos), los cítricos, los aguacates, los huevos y ciertos frutos secos son buenas fuentes de B9 natural.
Lo habrás entendido: la idea clave es combinar aportes alimentarios ricos en folatos naturales con un suplemento de vitamina B9 en forma activa, en lugar de optar por el ácido fólico clásico.