Las causas exactas siguen siendo poco claras. No existe una sola explicación, sino más bien varias hipótesis que, combinadas, pueden contribuir a que algunos bebés atraviesen esta etapa con más dificultad que otros.
Durante las tomas, ya sea al pecho o en biberón, el bebé puede tragar aire. Esta acumulación puede aumentar el malestar intestinal y provocar gases dolorosos. Comprender el origen puede ayudar a encontrar la manera de aliviar los cólicos del bebé.
Hipótesis principales
La hipótesis más frecuentemente mencionada es la de la inmadurez del sistema digestivo. Durante las primeras semanas de vida, los órganos digestivos del bebé aún están en proceso de aprendizaje: descubren la digestión, el tránsito, la regulación de los gases... Todo ello puede generar tensiones, molestias e incluso dolor.
Otro elemento importante es la microbiota intestinal, es decir, la flora digestiva. Al nacer, es aún poco diversa y tarda varias semanas en constituirse. Este desequilibrio transitorio puede favorecer la formación de burbujas de aire, las flatulencias o una mayor sensibilidad.
A veces, el bebé traga aire al mamar o al llorar, lo que agrava aún más su malestar intestinal. Este fenómeno es muy frecuente, especialmente si la toma se realiza con prisas o si el bebé tiene un reflejo de succión intenso. La acumulación de aire puede entonces empeorar el dolor.
Por último, no hay que subestimar el impacto del entorno: algunos niños son especialmente sensibles a la estimulación visual, sonora o emocional. Una jornada cargada de novedades, un ritmo irregular o un exceso de cansancio pueden ser suficientes para desencadenar una crisis al final del día.
En algunos casos, los dolores abdominales también parecen estar relacionados con los alimentos: bien con la composición de las fórmulas infantiles, bien de forma indirecta con lo que consume la madre si está dando el pecho. Pero aquí tampoco existe una regla estricta: lo que molesta a un bebé puede no tener ningún efecto en otro.
Cólicos y lactancia: ¿existe alguna relación?
La leche materna no es la causa, sino todo lo contrario: está perfectamente adaptada a las necesidades del bebé. Sin embargo, algunas mamás observan una mejoría de los síntomas cuando modifican ligeramente su alimentación, en particular reduciendo temporalmente los lácteos, los estimulantes (café, té, chocolate) o ciertas verduras fermentables. También es posible que esto se deba a algún compuesto presente en un complemento alimenticio para la lactancia tomado por la mamá.
Estos ajustes no son necesarios para todas, y deben hacerse siempre con suavidad, sin estrés ni restricciones excesivas. Pero pueden ser una pista a explorar en caso de sospecha de hipersensibilidad digestiva.
Cada vez más estudios se interesan también por el papel de la microbiota materna, que influye directamente en la del bebé a través del parto y, posteriormente, de la lactancia. Cuidar la flora intestinal en el posparto (a través de la alimentación o mediante un complemento para el posparto rico en probióticos) podría, por tanto, favorecer indirectamente el equilibrio intestinal del lactante.