La intolerancia a la lactosa
La intolerancia a la lactosa consiste en la dificultad para digerir la lactosa (el azúcar contenido en la leche y sus derivados). Es consecuencia de un déficit de «lactasa», la enzima que permite la digestión de la lactosa. No existe alergia a la lactosa.
La probabilidad de desarrollar intolerancia a la lactosa es bastante baja en la primera infancia, pero aumenta con el tiempo. La intolerancia a la lactosa raramente afecta a los lactantes y a los niños menores de 3 años. Se vuelve algo más frecuente a partir de los 5 años.
¿Qué síntomas?
Trastornos digestivos: hinchazón, diarreas, dolores abdominales… La intensidad de los síntomas varía de una persona a otra.
¿Qué se puede comer?
El tratamiento de la intolerancia a la lactosa se basa en la limitación, muy raramente en la supresión, de los alimentos que contienen leche. El grado de esta limitación es propio de cada persona.
La alergia a las proteínas de la leche de vaca
La alergia a las proteínas de la leche de vaca es la primera alergia alimentaria que aparece en los niños. Afecta a aproximadamente el 7,5% de los niños.
El pronóstico es globalmente bueno y la curación se obtiene en el 90% de los niños a una edad media de 3 años.
Se trata de una reacción alérgica que implica al sistema inmunitario, el cual reacciona ante la presencia de un alimento que le parece nocivo.
¿Qué síntomas?
Trastornos digestivos (hinchazón, diarreas, dolores abdominales…), manifestaciones cutáneas, trastornos del sueño, pérdida de peso, trastornos respiratorios. En algunos casos raros también es posible encontrar síntomas de una alergia grave del tipo edema de Quincke.
¿Qué se puede comer?
Es necesario excluir totalmente los productos a base de leche de vaca y, en algunos casos, también la carne de vacuno. Las leches de otras especies animales están contraindicadas en caso de alergia probada a la leche de vaca.
Es imprescindible eliminar de la alimentación la leche, pero también los yogures, quesos y natas.
También hay que prestar atención a todos los productos transformados (brioches, pasteles, embutidos, salsas, platos preparados) que pueden contener PLV.
En cuanto a los niños menores de un año, es necesario consultarlo con el médico, quien prescribirá productos adaptados. La mejor prevención sigue siendo la lactancia materna el mayor tiempo posible.
¿Cuándo consultar?
Cuando uno de los síntomas descritos anteriormente aparece y persiste durante un largo período, es necesario consultar. El médico podrá prescribir algunas pruebas, pero en la mayoría de los casos, la mejoría con una dieta que excluya las PLV confirmará el diagnóstico.