La progesterona está en caída libre
Alrededor de los cuarenta años, la progesterona es la primera hormona en disminuir debido al aumento de los ciclos anovulatorios (ciclos sin ovulación), que se convierten en mayoritarios en la perimenopausia tardía[4].
Para mantenerse tranquila y dormir bien, tu cerebro cuenta con la progesterona. Esta se transforma en una sustancia calmante (la alopregnanolona) que activa los receptores del sueño y de la serenidad. Si la progesterona disminuye, esta protección desaparece: tus neuronas se vuelven demasiado excitadas, provocando estrés e insomnios[3].
Tus reglas también pueden volverse más abundantes debido a ciclos anovulatorios en los que la ausencia de progesterona permite una proliferación excesiva del endometrio.
Los estrógenos fluctúan con fuerza
Contrariamente a lo que se podría creer, los estrógenos no disminuyen de forma lineal durante la perimenopausia. Al contrario, fluctúan de manera impredecible, alcanzando a veces niveles dos veces más elevados que los observados en la fase folicular tardía de un ciclo normal, para luego caer a niveles más bajos que en el período reproductivo.
Estas «montañas rusas hormonales» se explican por fluctuaciones extremas de la FSH (hormona foliculoestimulante) que intenta estimular unos folículos ováricos cada vez menos numerosos y reactivos.
Un estudio longitudinal suizo realizado sobre 127 mujeres perimenopáusicas[5] demostró además que no existe un declive continuo del estradiol durante 12 meses, sino más bien períodos estables representados por fluctuaciones importantes que varían considerablemente de una mujer a otra. Estas variaciones impredecibles explican por qué tus síntomas aparecen y desaparecen sin una lógica aparente.
La FSH y la LH se disparan
Cuando tus ovarios empiezan a fatigarse, envían menos señales, en particular a través de una sustancia llamada inhibina B. Tu cerebro nota esta desaceleración y, para intentar «despertar la máquina», comienza a producir masivamente dos hormonas de control: la FSH (hormona foliculoestimulante) y la LH (hormona luteinizante).
Resultado: el nivel de FSH puede llegar a ser mucho más elevado que los niveles normales:
- Entre 10 y 25 UI/L: Probablemente estás entrando en la perimenopausia.
- Por encima de 25 a 30 UI/L: Estás cerca de la menopausia.
Atención: como los ovarios aún tienen destellos de energía, estos niveles pueden ser irregulares de un mes a otro [6][7].
El nivel de cortisol sube
Cuando el estrés se instala de forma duradera, activa intensamente el eje HPA (el sistema de respuesta a la alerta del organismo). Esta activación libera hormonas específicas, como la CRH, que actúan directamente sobre el cerebro para frenar la producción de GnRH (la hormona de control de los ovarios). En consecuencia, la producción de estrógeno y progesterona disminuye. Biológicamente, tu organismo elige movilizar sus recursos para la respuesta al estrés antes que para las funciones reproductivas[8].
Este desequilibrio crea una reacción en cadena:
- Las fluctuaciones hormonales provocan síntomas físicos, como fatiga o irritabilidad.
- Estos síntomas son interpretados por el cuerpo como un estrés adicional, lo que hace subir el cortisol.
- El cortisol elevado agrava a su vez los trastornos iniciales, en particular el sueño.
Este fenómeno es particularmente marcado por la noche: un sueño fragmentado perturba el eje HPA y puede disparar el nivel de cortisol un 27% en el momento de acostarse. En lugar de calmarse para la noche, el cuerpo permanece en estado de alerta, lo que mantiene la fatiga y el insomnio a largo plazo[9].