En un bol grande, rallar finamente la col con la ayuda de una mandolina.
Pesar la col rallada y añadir 1 g de sal por 100 g de col (para 1 kg de col, añadir 10 g de sal).
Mezclar a mano y masajear la col con la sal durante 10 o 15 minutos para que la verdura sude. Cuando aprietes la col entre las manos y salga agua, estará lista para meterla en el tarro.
En un tarro grande con junta limpio (no es necesario esterilizarlo), compactar bien la col en su salmuera con la parte posterior de la mano o el dorso de un cucharón (no llenar el tarro hasta arriba, ya que la fermentación hará aumentar el volumen de la col; dejar un borde de 2 cm por encima de la salmuera) y luego cerrar el tarro. La col debe estar bien compactada y ningún trozo debe quedar en las paredes del tarro.
Dejar el tarro 1 semana en la habitación más cálida de la casa y luego a temperatura ambiente, alejado de la luz, durante 2 o 3 semanas. Tras abrirlo, conservarlo en el frigorífico. Usar siempre un tenedor limpio en el tarro y presionar bien la col antes de volver a meterla en el frigorífico.
Puedes degustar la col lactofermentada sobre tostadas saladas (aguacate, hummus, tártaro de algas...), sobre un huevo pasado por agua, en una ensalada o para acompañar un plato. El objetivo es incorporar 1 o 2 cucharadas soperas de col lactofermentada en tus comidas 3 o 4 veces por semana. No dudes en ofrecérsela a tus hijos y/o añadir algunas cucharaditas de la salmuera en los platos de tus bebés a partir de los 8 meses.
Variante: Puedes utilizar esta misma técnica: 1 g de sal por 100 g de verdura, con zanahoria rallada, hinojo o col blanca finamente cortados con mandolina, e incluso hacer una mezcla de varias verduras.
Consejo: Las verduras lactofermentadas pueden consumirse con total seguridad durante el embarazo y la lactancia, ya que las bacterias beneficiosas que se desarrollan durante la fermentación producen ácido láctico que acidifica el medio a un nivel de pH tan bajo que las bacterias patógenas (que hacen que un alimento sea impropio para el consumo) no pueden desarrollarse. Al abrir el tarro, la verdura debe tener un color vivo, un olor ácido y agradable, y no presentar ningún rastro de moho. Durante la fermentación, las bacterias liberan CO2, lo que puede provocar pequeñas burbujas o espuma que pueden salir del tarro.
Sobre Laila Bel
Soy una coach de salud para mamás con poco tiempo. Tengo titulación de una escuela de nutrición con sede en Nueva York (IIN), en la que estudié más de 100 teorías alimentarias con 85 de los mayores expertos mundiales en salud, bienestar y coaching, entre ellos Deepak Chopra, Mark Hyman, Dan Buettner, Gabrielle Bernstein, David Wolfe, Arianna Huffington… Mi papel es acompañar a las mamás a cuidarse a través de la alimentación, el bienestar y el desarrollo personal.
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@laila.bel