La alimentación de la mamá
El desarrollo del sistema inmunitario del bebé comienza durante el embarazo. De hecho, la madre le transmite una parte de su microbiota.
Para un microbiota intestinal de calidad que favorezca la buena salud del bebé, puedes optar por una alimentación sana y variada, rica en fibra, vitaminas y minerales (en particular vitaminas A, B, C, D, E, magnesio, hierro, zinc, cobre, selenio y Omega-3). También se recomienda limitar el café, los alimentos ultraprocesados, las frituras y los productos azucarados.
Durante el embarazo, opta preferiblemente por los probióticos en forma de cápsulas. Para elegir productos de calidad con las cepas adaptadas a tus necesidades, no dudes en consultar a una naturópata especializada en embarazo y posparto. Fuera del embarazo, puedes incorporar probióticos a través de la alimentación: verduras lactofermentadas (pepinillos, chucrut, kimchi…), miso, masa madre artesanal, levadura de cerveza activa, bebidas fermentadas (kéfir, kombucha) y yogures no pasteurizados.
La lactancia materna y la alimentación del bebé
El calostro, líquido producido por la glándula mamaria durante el embarazo y hasta 3 días después del parto, es extremadamente rico en anticuerpos, nutrientes y factores de crecimiento. Protege al recién nacido frente a las infecciones, favorece la colonización de su microbiota intestinal y reduce el riesgo de alergias. La leche materna también contiene anticuerpos, probióticos naturales y nutrientes esenciales. La lactancia materna es, por tanto, una buena opción para el sistema inmunitario del bebé, pero se trata de una decisión personal que no puede basarse únicamente en este motivo.
Las madres que no desean amamantar pueden ofrecer a su bebé la toma de bienvenida. Se trata de la primera toma tras el parto, que permite al bebé beneficiarse del calostro. También puedes recoger el calostro y dárselo con una cucharita, con una jeringa o con un biberón.
Para enriquecer su flora intestinal, también puedes administrarle a tu bebé una cura de probióticos. La cepa Lactobacillus reuteri Protectis ha sido objeto de numerosos estudios clínicos.
Poco a poco, tu bebé irá descubriendo la alimentación diversificada. Ofrécele en la medida de lo posible productos naturales, frescos, locales y de temporada; y prepara platos coloridos y variados, ricos en fibra, vitaminas y minerales.
El baño y el cuidado nasal
La OMS recomienda no bañar al recién nacido durante las primeras 24 horas de vida. Incluso se puede esperar varios días, o más de una semana, antes del primer baño. De este modo, se evita el riesgo de hipotermia y se permite que el recién nacido conserve durante el mayor tiempo posible su vérnix caseosa, la capa grasa blanquecina que recubre su piel al nacer. Esta capa mantiene su hidratación, le ayuda a regular su temperatura corporal, lo protege de los agentes patógenos y favorece la formación de su barrera inmunitaria.
Ante los primeros síntomas de resfriado, puedes limpiar la nariz del bebé con suero fisiológico para evitar infecciones ORL. Consulta a tu médico sobre la técnica más adecuada según la edad de tu bebé.
El sueño y las salidas
Por la noche, nuestro cuerpo se regula, se regenera y se repara. Produce anticuerpos y activa sus defensas naturales. Cuida tu sueño y el de tu bebé: así estarás cuidando también tu sistema inmunitario y el suyo.
Las salidas a la naturaleza favorecen una microbiota más diversa y una reducción del estrés. Y es que el estrés crónico debilita el sistema inmunitario. Así que no dudes en salir regularmente con tu bebé, al bosque, a la orilla del agua o incluso a un parque cercano a tu casa.